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Wednesday, June 05, 2013

El juicio más infame de la historia

Entre los casos judiciales de la antigüedad, pocos han llegado a ser tan famosos. Existen cuatro relatos bíblicos, conocidos como Evangelios, que describen la forma en que Jesús fue arrestado, enjuiciado y ejecutado. Pero ¿por qué debería importarnos el juicio que acabó con su vida? Primero, porque él mandó a sus seguidores que conmemoraran su muerte; segundo, porque hemos de saber la verdad sobre los cargos en su contra, y tercero, porque el hecho de que Jesús haya ofrecido su vida como sacrificio repercute significativamente en nuestro futuro (Lucas 22:19; Juan 6:40).

En aquella época, Palestina estaba bajo el dominio del Imperio romano, el cual concedía a las autoridades religiosas judías el derecho de administrar justicia entre el pueblo según sus propias leyes, pero al parecer no les confería el derecho legal para ejecutar a los delincuentes. Por eso los romanos le dieron muerte a Jesús, aunque fueron los líderes religiosos judíos quienes lo arrestaron. A estos últimos les incomodaba tanto la predicación de él, que decidieron matarlo. No obstante, trataron de dar una apariencia legal a su ejecución. Un profesor de Derecho que analizó este caso lo describió como “el peor delito del que se tiene constancia en la historia de la jurisprudencia”.

Las leyes judías en los primeros siglos

  La tradición oral judía, de gran antigüedad, se puso por escrito en los primeros siglos de nuestra era. He aquí algunas de sus reglas.

▪ En los procesos de pena capital, primero se escuchaban los argumentos de absolución

▪ Los jueces hacían todo lo posible por evitar la pena de muerte al acusado

▪ Los jueces podían pelear a favor del acusado pero no en su contra

▪ Se advertía a los testigos sobre la seriedad de su cometido

▪ No se interrogaba a un testigo ante la presencia de otro, sino por separado

▪ El testimonio tenía que concordar en todos los datos esenciales del acto imputado (fecha, lugar, hora, etc.)

▪ Los asuntos con posible pena de muerte se debían juzgar de día y concluir de día

▪ Los procesos de pena capital no podían celebrarse en la víspera de un sábado o de una fiesta

▪ Los casos que implicaban la pena capital debían comenzar y terminar el mismo día si el veredicto era a favor del acusado; pero si era en su contra, concluía al día siguiente, cuando se anunciaba el veredicto y se ejecutaba la sentencia

▪ Un mínimo de veintitrés jueces atendían estos casos

▪ Comenzando por el de menor antigüedad, los jueces votaban uno a uno por la absolución o la condena; los escribas anotaban las alegaciones tanto a favor de la absolución como a favor de la condena

▪ Se requería un voto de diferencia para absolver al acusado pero dos votos de diferencia para condenarlo; si la mayoría ganaba por un solo voto a favor de la condena, se añadían dos jueces, tantas veces como fuera necesario, hasta que se llegara a una decisión legalmente válida

▪ Si no había al menos un juez a favor del acusado, el veredicto de culpabilidad no era válido; un veredicto unánime de condena se consideraba “indicio de conspiración”

Irregularidades en el juicio de Jesús

▪ El tribunal no solicitó argumentos ni testigos a su favor

▪ Ninguno de los jueces intentó defenderlo; todos estaban en su contra

▪ Los sacerdotes buscaron testigos falsos para condenarlo a muerte

▪ El caso se atendió de noche a puertas cerradas

▪ El juicio comenzó y terminó el mismo día, en la víspera de una fiesta

▪ Antes de su arresto no existía ninguna denuncia o cargo contra él

▪ No se hicieron investigaciones sobre la acusación de blasfemia por llamarse a sí mismo Mesías

▪ Al presentar el caso ante Pilato, se cambió la acusación

▪ Los cargos eran falsos

▪ Pilato lo declaró inocente; aun así, lo mandó ejecutar

Fuente: La Atalaya, 01 de Abril de 2011 págs. 18-22

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