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Thursday, December 15, 2011

DulCes y ChoCoLaTes

Para la tía Renata todo era blanco o negro. Según ella, yo era su sobrina favorita. Desde chiquita me malcrió. Recuerdo cuando mis padres me diciplinaban, ella estaba ahí con dulces y chocolates. Al final, ir a mi habitación no era un castigo como tal. Mi habitación estaba llena de cosas para alegrar la tarde, una tarde sin aburrimientos. Y todo gracias a la tía Renata. Recuerdo que ella me decía que solo pidiera lo que quisiera, todo se me daría.

Cuando empezé a hacerme adolescente, ella me enseñó que con una falda corta y mirada sexy podría conseguir cualquier cosa. Que podría tener al mundo en la palma de mi mano. Cada que crecía, me interesaba mucho en mi tía, quería estar solo con ella.

A los 18 años de edad decidí enmanciparme e irme a vivir con la tía Renata. Vivíamos como reinas. Yo tenía mi propio chofer. Hacía grandes fiestas en la mansión. Estrenaba autos deportivos como si fueran un par de calzados nuevos.

La tía Renanta me enseñó grandes cosas que en mi vida adulta laboral me fueron de mucha ayuda. Por ejemplo, cómo sobresalir y hacerse la favorita del jefe. Ser la favorita del jefe me traía grandes ventajas. Podía llegar a la hora que quisiera, para mí no había descuento ni memorándums. Si quería, podía delegar mis propias tareas a mis colegas y ellos tenían que obedecerme sino cuidado con el jefe. Los dulces y chocolates eran todo para mi, podía hacer que todo esté bien.

Recuerdo que la tía ya estaba envejeciendo, estaba enferma. Para consolarla, le solía llevar dulces y chocolates. Pero hasta ya ni ganas tenía de comer los chocolates. No sabía qué otra cosa comprarle. Poco a poco ya ni salía de su habitación. Me llamaba para que vaya a visitarla, pero yo estaba tan ocupada comprandome minifaldas y mirando por Internet los últimos modelos de autos deportivos.

Decidí irme de vaciones con mi jefe a Paris. Fue una estupenda vacación. Mejor que la del otro año, cuando viajé a Venecia.

Regresé a la mansión y la tía ya no estaba. Fue como una preocupación menos, verla sin poder comer dulces y chocolates me deprimía.

Gracias tía por todo lo que inculcaste en mi.

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